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viernes, 7 de septiembre de 2018

Despedida con carta previa de aviso


Despedida con carta previa de aviso

Lo último en lo que piensa uno al conocer a alguien es en terminar escribiendo una carta de despedida.

Mi querido 18 de noviembre. Tienes aquí presente a ese otro yo que recuerda entre suspiros todo lo que fuimos. Y por cuestiones de desajuste ese otro yo, viene a despedirse con la mano en el corazón. Y digo desajuste porque si acariciamos a la sinceridad, nuestros pasos estaban coordinados a destiempo. Nunca supimos seguir el ritmo de crecimiento y avance de la otra. Y si nos la jugamos y decidimos entrar en detalles enseguida sabremos llegar a la conclusión exacta, de porqué ese destiempo.

Teniendo en cuenta todo el camino que hemos recorrido todos estos años, podemos decir que ambas pasamos por baches muy hondos, que al caer nos llegaron a raspar el corazón más de lo que nos hubiera gustado. Ambas tenemos púas clavadas en el alma de tanto abrazar cactus. La diferencia es que a la hora de seguir caminando, mis piernas vienen pisando fuerte y sin miedo de volver a tropezar, porque cada derrota esconde una victoria. Mi alma solo conoce una manera de sacarse esas púas y es sumando experiencias que la hagan sentir viva. Mi corazón solo sabe sanar esos rasguños si decide vendarlos con pasión y ganas de hacer temblar a todo el que se acerque a él, latiendo más fuerte que ayer. Sin embargo, tus piernas son muy conscientes de lo que duele una caída y por eso caminan despacio. Tu alma es de sacar esas púas en base a paciencia y calma no sea que se parta alguna y  quede a medias clavada en ti. Tu corazón sabe que latiendo más fuerte corre el riesgo de abrir heridas. Y no te culpo. Aquí ninguna de las dos tiene culpa de caminar tal y como aprendió.

A pesar del desajuste de velocidad intentamos no soltarnos la mano. Al principio, cuando decidimos avanzar al lado de la otra llevábamos un buen ritmo. Todavía recuerdo entre suspiros de melancolía todas nuestras conversaciones a miradas; todos nuestros ojalás que tanto prometían; toda nuestra ilusión por habernos encontrado, por habernos querido con aquella fuerza.

Pero evidentemente nuestra forma de latir venía avisándonos de que poco duraría todo aquello. Nos acabamos alejando la una de la otra, e incluso desgastando y perdiéndonos a nosotras mismas entre tanto recuerdo de lo que llegamos a ser. Simplemente, tuvimos que ser, pero tan solo los instantes previos a tener que ser sin la otra.

Debo confesarte que he encontrado a alguien sin querer queriendo. Y digo encontrado porque esa mujer camina pisando tan fuerte que mi alma supo sentir como temblaba el suelo a cada paso que daba. Decidí seguir aquellos temblores y me topé con una mujer que le enseño a su corazón sanarse a base de latir cada vez más fuerte. Y para lograrlo camina como si cada día fuese el último y tuviera en la palma de sus manos el comerse el mundo. Esa mujer late tan fuerte que fue llegar y hacerme temblar a mi. Esa mujer es de admirar y querer a rabiar porque otra forma no admite. O te comes el mundo con ella o ni lo intentes porque acabas atropellado.

Fue precioso y un placer encajar contigo en ese plazo corto de tiempo, pero no estábamos destinadas a ser. Y ha llegado la hora de que me despida y acepte de una vez que fuimos eso como a la estrella que nos pedí, fugaces.

Ojalá a base de paciencia y calma, tal y como sabes, sepas alcanzar todas tus metas.

Me despido con todo el cariño y gratitud del mundo.

Hasta siempre.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Fuiste la mentira que me quise contar.


Fuiste la mentira que me quise contar.

25/05/2018

Echo de menos que me beses con la misma pasión como cuando se besa por última vez junto a la delicadeza de un primer beso.

Suspiro profundamente y comienzo a escribir(te).

Tengo miedo de despertarme y no encontrarte a mi lado, y no porque vivas lejos, sino porque comiences a vivir fuera de mi vida.

Tengo miedo de levantarme una mañana y percatarme de que se acabó. Y tener que hacerme los cereales sin cuidar de dejarte un poco porque se que no volverás.

Temo a volver a leer  todas las cartas que me escribiste y pensar “que bonito fue todo” en pretérito perfecto simple del indicativo. Fue.

Tengo miedo a escribirte diciéndote que no estoy bien y me contestes con un corazón y un “últ. vez hoy a las 22.31”

Tengo miedo de leer ese “Aquí, ahora y siempre” que hay marcado en el anillo que me regalaste, que tú también llevas puesto y que ese “siempre” no haya seguido su destino.

Discúlpame, pero no estoy preparada para despedirme de ti. Y que me disculpe la vida, el destino, o lo que te de por creer, pero no pienso seguir sus normas si eso significa separarme de ti.

Tengo que confesarte que últimamente ando muy enfadada contigo. ¿Realmente era necesario que hicieras todo esto? ¿Realmente era necesario que me miraras a los ojos diciéndome que venías para curarme y hayas acabado haciéndome más heridas de las que tenía ya?

O quizás me equivoqué yo y vi en ti alguien que llevo tiempo buscando, soñando.

Tengo miedo de que nunca hayas existido.

Tengo miedo de volver a abrazar el peluche que me regalaste y romper a llorar, por ti.

Amor y mujer de mi vida, tengo miedo a que deje de sentirte como tal, aunque haya comenzado...

Temo a que te vistas elegante y no sea para impresionarme a mi.

Me asusta que no vuelvas a calmarme con tus caricias y que no me hagas sentir en casa estemos donde estemos.

Ahora mismo me aterra la idea de que haya dejado de ser para ti quien era, tu chica de las flores.

No quiero ni pensar pero directamente lo hago. Me refiero a escribirte cualquier tontería tan solo para que hables conmigo.

Me duele pensar que te he fallado.

Me duele y me rompe pensar que prefieras hacer cualquier cosa antes que hablar conmigo. Pero lo entiendo.

Acabo de abrazar a osito y romper a llorar.

Y ya no es que tenga miedo, ya es que he comenzado a aceptarlo.

He comenzado a aceptar que prefieres caminar sin cargas que te frenen, dicho de otra manera sin cogerme de la mano.

Estoy todavía asimilando donde cojones nos acabamos o si quiera si llegamos a empezar.

Pero que no, ¡me niego!

Aunque haya sido por un instante yo sí que te he llegado a sentir muy dentro de mi, tanto que ya andas marcada a fuego lento en mi piel.

Llegaste a hacerme ver el mundo como siempre lo había soñado. Llegaste a sacarme de mis pesadillas para meterme en tu cama y llenarme a caricias que me calmaran la respiración.

Llegaste a quitarme la sensación de vacío, esa que siento desde que tengo conciencia.

Tengo miedo de no volver a cogerte de la barbilla para besarte.

Tengo miedo, joder tengo miedo y no estas aquí para quitarmelo.

Las putas lagrimas no dejan de salir y salir y no estás aqui para calmarme la respiración.

Que te necesito a mi lado, te necesito cogiéndome de la mano y apretándomela fuerte, recordándome sin palabras que no piensas soltarme.

No me sueltes joder, no lo hagas...

Tengo miedo a respirar, y que sea por pura supervivencia, tengo miedo a suspirar profundamente porque te haya perdido.

Estoy llenando la almohada a lágrimas, y no de alegría por tenerte, esta vez es por miedo.

Quiero volver a tenerte tumbada encima de mi en aquella playa donde te pedí que fueras mi chica.

Te encantaba que me mordiera el labio por desearte. Pero amor, ahora es por pura rabia mientras las lágrimas corren y corren.

Jamás tuve intención de alejarnos, jamás quise que acabáramos de esta manera.

He venido a despedirme de alguien que nunca existió pero quizás sí en mi cabeza.

Fuiste por un instante lo mejor que me ha pasado, pero nos quedamos en eso, un instante. Un maldito instante que será recordado por años.

Por un instante llegamos a ser infinitas. Por varios instantes llegué a sentir que pasaría contigo el resto de mi vida pero aquí me ves preciosa. Con las esperanzas perdidas.

Quiero romperlo todo, quemar la habitación donde me confesaste que nada podría separarnos. Quiero romperme a mi, por creerte.

Ojalá pudiera hacer que vuelvas. Ojalá pudiera volver al instante en el que te enamoré. Ojalá pudiera volver a estar sentada en tu sofá mientras sonrío al verte pasar delante mía. Ojalá pudiera volver al instante en el que me confesaste que me amabas.

Ojalá nunca nos hubiéramos roto.

¿Pero sabes algo? Todo ese miedo tan solo se está convirtiendo en un suspiro de tranquilidad.

El amor dejó de ser lo que era desde que yo amaba por las dos. He llegado a mi límite, necesito volver a respirar y que no duela.

Me despido con la mano en el corazón dándote las gracias por haber sido quien fuiste conmigo. Por haberme amado como sabías. Pero debo irme, ya va siendo hora.

02/09/18

No hay cosa que duela y defraude más, que mentirse a uno mismo.

Espero saber disculparme.

domingo, 18 de marzo de 2018

Tú y yo contra el mundo


Tú y yo contra el mundo

De pequeña siempre creí que en mi habitación se escondía una puerta muy pequeña que llevaba a todo un mundo de fantasía alejado de aquellas pesadillas que eran una realidad. A medida que fui creciendo ese pequeño gran mundo pasó a formar parte de mis sueños. Cuando más lo necesitaba de repente me encontraba en las madrugadas soñando con mi refugio donde nadie más que yo. Vivía con miedo y rabia en el corazón, y no es que fueran pocas las veces en las que me imaginé cruzando esa puerta que me refugiara de aquel monstruo que tanto se parecía a mi.

Hubo una vez que caminé durante 10 días a través de inmensos bosques rodeados de un verdor intenso y olores distintos a cada paso que avanzaba. Mientras caminaba sentía que mi yo interior caminaba a mi lado de la mano, sin tenerle miedo a nadie, y sonreía. Caminé bajo una lluvia que dejaba unas gotas preciosas sobre una telaraña totalmente simétrica. Me encontraba lejos de mis pesadillas y temores y eso me hacía sentir libre.

Yo creo que ese ha sido siempre mi mayor deseo. Alejarme de toda esta pesadilla, alejarme de ese puto monstruo que le arrebató la infancia a una niña llena de ilusión. Yo creo que mi mayor deseo ha sido sentirme tranquila.

Vivía perdida y vacía, caminaba por mi vida atada a ese saco lleno de piedras que tenían grabadas en sí a mi pesadilla haciendo de las suyas.

Y en todo ese trayecto, de repente noté la fuerza de una mano que apretaba la mía con todas sus fuerzas, la noté a Ella.

Levanté la mirada para ver quién tuvo el valor de sujetar a una ruina y la vi a Ella, una mujer que en su mirada reflejaba todas las cicatrices abiertas que tenía en el fondo de su alma. Y a pesar de ello me sujetaba con unas ganas que ojalá todo el mundo tuviera la oportunidad de sentir alguna vez. Y entonces supe que estaba a salvo.

Nos fuimos conociendo, me fui enamorando de ella, que reía como una niña y sonreía como una mujer. Me enamoré de su corazón lleno de astillas, por si a alguien se le ocurría acercarse más de lo debido. Yo, que llevo una vida a base de dolor abracé a su corazón con las fuerzas que me quedaban, sus astillas tan solo fueron una caricia. Y desde entonces somos una.

Ella agarrada a mis ruinas y yo clavada a sus astillas.

Y un día, sin darme cuenta noté como ese saco de piedras comenzaba a ser más ligero, y la vi a ella, con su otra mano (para no soltarme) llena de cicatrices abiertas quitando una a una aquellas malditas que llevaban grabadas todo el dolor que me marcó. Cogí su mano, y la miré a los ojos, y eran lágrimas lo que acariciaban mis mejillas. Ella me sonrió y me abrazó de tal manera que de repente me encontraba cruzando la puerta, refugiada de todo temor.

 No me soltaba y yo no quería que lo hiciera. Seguía pegada a mi, y yo cada vez me sentía mas libre, me sentí a salvo, tranquila.

La apreté, escondí mi cabeza en su cuello y sentí el perfume de todas las flores que olí  una y otra vez durante esos 10 días en aquel bosque. 

No me lo podía creer, vi mis deseos hechos realidad en una persona que me sujetaba incluso más fuerte de lo que ella se imaginaba.

A su lado siento mis sueños tomando vida, de su mano siento que puedo caminar con los ojos vendados que ella me guía. Sus labios fueron mucho más allá de besarme la piel, encontraron la manera de quitarle el protagonismo a mi dolor.

Ahora vivo con la ilusión que de niña nunca tuve porque me fue arrebatada, pero devuelta por la mujer de mis sueños.

Ella no es un amor más, no nos equivoquemos. Ella es mi refugio y mi tranquilidad. Juntas sabemos calmarnos los miedos y acariciarnos las heridas sin hacernos daño.

Soy feliz, nunca creía que llegaría a decirlo.

Ya no tengo miedo, ni si quiera se me pasó por la cabeza llegar a sentirme así.

Ella es mi calma y mi tranquilidad.

La mujer de mis sueños…

- Gracias amor, por tu valentía, por tu coraje y por tu dedicación.

Felices 121 días mi vida.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Para ti, mi chica hogar.

                    Para ti, mi chica hogar.

Necesito que vuelvas.

Necesito que volvamos a ser.

Necesito volver a sentir tu mirada clavándose en mis pupilas negras como el dolor que llevo dentro, por culpa de tantos intentos no correspondidos. Y no quiero que te conviertas en uno, no quiero que seas mi tercera, historia fallida.

Quiero que seas mi primera.

Necesito que vuelvas.

Necesito que volvamos a ser.

Necesito volver a sentir tus “Te quiero”s susurrados mediante caricias.

Vuelve, que mi puerta siempre ha estado abierta para ti, para ese alguien que le dio forma a las cenizas que quedaban de mi.

Te ruego que no des ese paso que te lleva camino a fuera de mi vida.

Te pido que no tires la llave al mar.

Te pido que me cuentes historias de aquellas amantes que casi, pero al final si; en las noches de este este invierno tan frío que se acerca al imaginármelo sin tus huellas en mis futuros recuerdos.

No quiero que la voz vuelva a fallarme cuando les hable de ti a las estrellas, de que nosotras casi, pero no…

No quiero pasear en soledad acompañada del frío que es la ausencia de tu risa.

Que podré sentir la esencia de todas las flores del mundo, que ninguna me conquistará más como aquella rosa que olía en Galicia mientras te veía caminar.

Que contigo haría la cucharita todas las noches que me quedan de vida, y el amor todas las mañanas acompañado de una taza de café.

Que te quiero correteando por mi vida, buscándome las cosquillas, buscando que te mire a los ojos, y te grite en bajito que te quiero, en mi vida.

No te vayas ahora que me has puesto la vida patas arriba, y mira que me gusta el desorden, pero es que sin ti no tiene sentido...

Y es que no quiero besos que no sean los tuyos, y mira que no sé a qué saben…

Que quiero rutina contigo, y un destino, por supuesto.

Que quiero soñar con cosas bonitas, como tú, y despertarme al lado de ellas, al lado de ti.

Llevo encima aquella camisa que tanto te gusta, y las ganas de volver a oir como te quejas de lo rápido que gira el mundo cuando nos agarramos de la mano.

3 días tardé en decirte que te quiero, y no me basta ni una vida para demostrártelo…

Te pido un beso, aquel que nunca te atreviste a darme, uno lento y con sonrisas de por medio. Aquel que será el primero de tantos.

Necesito que vuelvas.

Necesito que volvamos a ser.

Mi vida:

Te quiero, de aquí al infinito del universo, ida y vuelta.

Con cariño,

Para mi chica hogar, aquella que da igual en qué parte del mundo me encuentre, que tan solo me basta con mirarla a los ojos, para sentirme en casa.

Pd: Vuelve, y ámame con locura, que ya me encargo yo de quitarte los miedos,
de amarte, a pasitos de caracol…

sábado, 11 de marzo de 2017

La historia que nunca pudo ser...

Mi otro yo y yo, nos despedimos.

Hoy he venido a visitarme.

Invité a mi otro yo a tomar asiento, le comenté que mi casa es la suya mientras le servía una copa de las que van cargadas porque la conversación que íbamos a tener, lo pedía a gritos. 
Hoy tocaba hablar de ti. Y por desgracia, últimamente siempre que te nombrábamos, el dolor se entrometía en la conversación. Primero comenzamos hablando de cómo me había ido la semana y terminamos la noche llorando, pero espera, me estoy adelantando a los hechos. 
Empezaré desde el principio:

Que conste que desde un inicio yo nunca quise que las cosas acabaran así… Si lo piensas nuestro comienzo fue curioso. Tú en proceso de olvido de aquella mujer con la que no pudo ser y yo de aquella mujer con la que nunca fue. Comenzamos olvidando y en el camino acabamos amándonos o al menos eso me figuraba. De verdad no sabes cuánto siento y me duele que las cosas hayan tenido que terminar de esta manera tan poco merecida si  lo comparamos a cómo debíamos acabar tú y yo. Amor, juro que el día que supe que me querías, por un instante sentí que la vida por fin estaba siendo buena conmigo. Encontré en ti lo que en mi prototipo de mujer nunca pude imaginar. Salvaste a mi ser en muchas ocasiones, me enseñaste que el mundo guarda secretos, y que solo nos los llega a contar si conseguimos estar en armonía con nosotros mismos. Me enseñaste que podía querer y que sea recíproco después de tantos intentos fallidos. Pero joder, por supuesto que tuvo que suceder. Los problemas detectaron a dos personas felices y enseguida quisieron arrestarnos por triplicar la tasa de felicidad permitida.

Tú y yo siempre fuimos opuestas, a ti te gustaba el blanco, a mi el negro, y así con todo. Tú veías un problema la distancia que nos separaba y yo solo veía una razón más  por la que luchar y llámame niña pequeña  pero llegar aunque sea, a estar juntas, solo unos segundos, y por un instante llegar a desafiar a las leyes de la gravedad con la inmensa energía que nuestro amor hubiera desprendido. Pero al final la distancia que nos separaba acabó convirtiéndose en números que sumaban letras de adiós. Es triste, lo sé. Pero tengo pruebas de haber estado en terreno de guerra luchando por salvar lo nuestro. Tengo las secuelas que quedaron tras tu indiferencia.

Me cuesta dejarte ir y dejar en el aire todas aquellas promesas, apuestas, y deudas. Quizás no me he llegado a ganar lo suficiente en esta vida, el merecerme a alguien como tú. Quizás la cagué demostrándote la mayoría de amor que sentía, (siempre me guardaba un poquito para mi). Pero ya sabes que  estos temas de amores son  cosa de dos, pero yo acabé amando más y quizás es exceso acabó pasándome factura y dejándome sin blanca. Ahora no me queda otra que pagarle a la vida con el olvido, tu olvido.

Mi otro yo y yo estamos de acuerdo en que desde el momento que haya dolor del malo (porque sí, también hay dolor  bueno, de ese que sana) tiene que acabar. Al igual que estamos de acuerdo que desde el momento que haya dudas, ya dejó de ser lo que era y amor, últimamente eran solo preguntas las que se paseaban por mi cabeza. Y por mucha ayuda que te pidiera, siempre estabas a lo tuyo y con los tuyos. Llegaste a olvidar que una vez, yo formaba parte de tu día a día, de tus sueños…

Lo intenté, de eso puedo estar más que segura, pero creo que dedicarte toda una vida y media a confesiones de lo que mi otro yo siente por ti, no fue suficiente. Y sabes perfectamente que ese otro yo  lo sanaste tú de su última derrota en campo de batalla. Pero por lo visto decidiste aprovechar y abrirte otra herida que ni yo, ni el alcohol fuimos capaces de hacer que dejara de sangrar, y ya de cicatrizar ni te cuento…

Después de contarle todo esto a mi otro yo, llegamos a la conclusión de que esta batalla nunca estuvo perdida, más tú lo decidiste así. Y mira que ese otro mío nunca coincidía en opinión conmigo pero surgió y por un instante estuvimos en esa armonía de la que te hablé antes, y nos confesamos que después de tanta lucha durante toda nuestra vida no nos merecíamos otra vida llena de dudas e incertidumbres de si tus “te quiero” eran sinceros o simples letras escritas para engañar al soldado al que llamo “corazón”.

Quizás compartías la opinión de que toda palabra en exceso pierde su valor, como el dinero. Pero se te escapó el detalle de que estamos hablando de amor y este es capaz de matar.
Hoy, mi otro yo y yo nos abrazamos y el mundo se dio cuenta de que lo había logrado, así que me confesó aquello que no quería oír. Pero en el fondo sabía que acabaría por ser.

El mundo me confesó que debía dejarte ir, que tenías que irte. Yo lo miré fijamente y me negué. Porque sabía que la que se tiene que ir, soy yo.

Amor, quizás coincidamos en otra vida, y recordemos esto entre risas y gemidos porque a lo mejor en esa otra vida, si somos. Pero de momento, en esta debo despedirme. Debo coger mis maletas, secarle las lágrimas a mi alma, levantar la cabeza y decirte adiós.
Fue un placer haber coincidido en esta vida y una lástima que no hayamos podido ser, pequeña.

Recuérdalo porque es la última vez que te lo digo:


Te quiero.

martes, 8 de noviembre de 2016

Deudas Que Nunca Serán Saldadas

Deudas que nunca serán saldadas.

Tengo frío, veo las gotas deslizarse por la ventana; las nubes intentan sacar el dolor que llevan dentro, pero apenas les quedan lágrimas, como si hubiera un límite. Es triste querer desahogarte y sacar el recuerdo de lo que nunca fue y no poder por falta de lágrimas. Pregunté en el mercado negro de corazones pero no les quedaban. Aquella vida que tanto te maltrató, tanto te despreció a pesar de  toda la magia que escondías en tu ser, decidió llevarte consigo, tú lo llamabas vida, yo solo veía en él, aquel asesino que con tu corazón quería traficar. Vaya bastardo aquel, lleno de dolor y sufrimiento, con sed de muerte.  Todavía siento en mi piel la sangre que de tu cuerpo salió cuando la “vida” decidió ponerle fin a la tuya.  Me sentía tan inútil…. Lo vi todo, y nada pude hacer, te tuve en mis brazos instantes previos a tu marcha en busca de un lugar en el cual no hay más que tranquilidad. Me hubiera gustado decirte tantas cosas… Recordarte tantos momentos que juntas pasábamos, recordarte como la relatividad del tiempo cuando se cruzaba con nosotras dejaba de ser. Aprovecho esta carta la cual quemaré después de habértela leído en alto, para recordarte todo lo que nos debemos, todas las deudas que tenemos pendientes de saldar. Todavía tengo pendiente a cancelar, la reserva que le hice a las estrellas, iba a ser una sorpresa… En la cual hubiera declarado ante ti todo el amor que tú me hacías sentir. Se suponía que aquel miércoles 19, las estrellas nos relatarían la nostalgia por aquellas guerras de amor que durante milenios llevan observando de los mortales. Tenemos pendiente acabar los planos de construcción de aquella casa, donde criaríamos a nuestros hijos, como si fuéramos las mejores madres del mundo. Tenemos pendiente aquella cita de pizza y cervezas que acordamos saldar cuando nos conocimos.

Amor te me han arrebatado de mi día a día. Dime ahora que le diré a aquella estrella fugaz que pasaba cada 24 de diciembre que ya no estas, que tu deseo de un mundo con menos violencia, se fue contigo. Y es que la navidad está al caer, debo empezar a montar el árbol de navidad, pero me temo que esta vez, no tendrá estrella, porque no estás para colgarla. Sera un árbol sin magia, un asiento vacío en la mesa, la cama se me hará gigante ahora que no reclamas mi alma a presenciar la guerra de la cual siempre finalizábamos con gemidos, gritos y marcas en mi piel, marcas de la pasión, que yo, chica humilde y actualmente vacía, te provocaba… Se me hará difícil no volver a escuchar mi nombre pronunciado por aquellos labios capaces de hacerme volar cada vez  que me acariciaban. Mi cintura más nunca volverá a ser rodeada por tus brazos, mis dedos jamás volverán a encajar con los tuyos. Te tengo tatuada en el corazón, tengo tatuado tus “buenos días amor”, la cara de niña buena que ponías cada vez que te hacía enfadar por tonterías del momento.

Tu voz ya no está aquí para tranquilizarme y no sabes cuánto te echo de menos.

Y qué bonito...

Y qué bonito…

Y qué bonito cuando la vida decide sonreírte, hacer que toda pena y dolor quede en un simple recuerdo. Todavía recuerdo cuando el destino nos dio la oportunidad de coincidir en esta vida, de hacer que nuestras almas cruzaran sus miradas y quedaran enamoradas, como si de su alma gemela se tratara.

Amor, debo confesarte que conseguiste hacer que este soldado al que llamo corazón, olvidara todas aquellas masacres que se realizaron en su nombre. Juro no haber conocido mayor placer que el de descubrir aquel mundo con el que sueño en tus ojos, mayor locura que la de amarte sin importar las consecuencias.

No solo has conseguido ser mi ángel, aquel capaz de calmarme en mis noches más temibles, aquellas en las que los traumas vuelven por puro placer a mi mente, también has conseguido ser la chica por la que estaría dispuesta a declararle la guerra al mundo, si es que este llega a separarte de mí.

Tú, que eres la causa por la que la marea sube y baja, y ahora, también eres la causa de hacer aumentar aquellos latidos que mi corazón daba por muertos. Ahora toda nota de canción tiene sentido gracias al ritmo de tu caminar.

Tener tus dedos rozándome la piel fue la batalla más dura de resistir, balas gastadas en orgasmos, cargadores cargados de besos por mi cuello, y tú tan activista por la paz. Que el arte se creó en tus ojos, la magia en nuestra cama, y la vida, la vida se encuentra en tus besos y es que debería estar prohibido por ley irse a dormir, sin nadie a quien abrazar, irse a soñar, sin nadie quien te cuide de tus pesadillas más temibles, por eso vida mía no te vayas, no me dejes sola en esto, no quiero comenzar el castigo que sería tu olvido, todavía nos queda mucha vida por delante, nos quedan miles de sonrisas que sacarle a la vida, ya que esto es un ojo por ojo ¿no? Si ella nos dio el placer de sonreírnos, quizás ahora, sea nuestro turno, pero esta vez, devolvámoselo en forma de carcajadas, gemidos, gritos de locura, hagamos que esta, la vida, por muchos amores que vuelvan a cruzarse con ella, sea el nuestro, quien le haya dejado marca.

Así que dime en qué idioma quieres que te lo diga para que me entiendas, si en el de idiota enamorada o en el de hambrienta por tus caricias… Solo dime cómo, que si hace falta me iré a la Luna para susurrarle a gritos al mundo


Que Te Quiero.