Mi
otro yo y yo, nos despedimos.
Hoy he venido a
visitarme.
Invité a mi otro yo a
tomar asiento, le comenté que mi casa es la suya mientras le servía una copa de
las que van cargadas porque la conversación que íbamos a tener, lo pedía a
gritos.
Hoy tocaba hablar de
ti. Y por desgracia, últimamente siempre que te nombrábamos, el dolor se
entrometía en la conversación. Primero comenzamos hablando de cómo me había ido
la semana y terminamos la noche llorando, pero espera, me estoy adelantando a
los hechos.
Empezaré desde el principio:
Empezaré desde el principio:
Que conste que desde un
inicio yo nunca quise que las cosas acabaran así… Si lo piensas nuestro comienzo
fue curioso. Tú en proceso de olvido de aquella mujer con la que no pudo ser y
yo de aquella mujer con la que nunca fue. Comenzamos olvidando y en el camino
acabamos amándonos o al menos eso me figuraba. De verdad no sabes cuánto siento
y me duele que las cosas hayan tenido que terminar de esta manera tan poco
merecida si lo comparamos a cómo
debíamos acabar tú y yo. Amor, juro que el día que supe que me querías, por un
instante sentí que la vida por fin estaba siendo buena conmigo. Encontré en ti
lo que en mi prototipo de mujer nunca pude imaginar. Salvaste a mi ser en
muchas ocasiones, me enseñaste que el mundo guarda secretos, y que solo nos los
llega a contar si conseguimos estar en armonía con nosotros mismos. Me
enseñaste que podía querer y que sea recíproco después de tantos intentos
fallidos. Pero joder, por supuesto que tuvo que suceder. Los problemas detectaron
a dos personas felices y enseguida quisieron arrestarnos por triplicar la tasa
de felicidad permitida.
Tú y yo siempre fuimos
opuestas, a ti te gustaba el blanco, a mi el negro, y así con todo. Tú veías un
problema la distancia que nos separaba y yo solo veía una razón más por la que luchar y llámame niña pequeña pero llegar aunque sea, a estar juntas, solo
unos segundos, y por un instante llegar a desafiar a las leyes de la gravedad
con la inmensa energía que nuestro amor hubiera desprendido. Pero al final la
distancia que nos separaba acabó convirtiéndose en números que sumaban letras
de adiós. Es triste, lo sé. Pero tengo pruebas de haber estado en terreno de
guerra luchando por salvar lo nuestro. Tengo las secuelas que quedaron tras tu
indiferencia.
Me cuesta dejarte ir y
dejar en el aire todas aquellas promesas, apuestas, y deudas. Quizás no me he
llegado a ganar lo suficiente en esta vida, el merecerme a alguien como tú.
Quizás la cagué demostrándote la mayoría de amor que sentía, (siempre me
guardaba un poquito para mi). Pero ya sabes que
estos temas de amores son cosa de
dos, pero yo acabé amando más y quizás es exceso acabó pasándome factura y
dejándome sin blanca. Ahora no me queda otra que pagarle a la vida con el
olvido, tu olvido.
Mi otro yo y yo estamos
de acuerdo en que desde el momento que haya dolor del malo (porque sí, también
hay dolor bueno, de ese que sana) tiene
que acabar. Al igual que estamos de acuerdo que desde el momento que haya
dudas, ya dejó de ser lo que era y amor, últimamente eran solo preguntas las
que se paseaban por mi cabeza. Y por mucha ayuda que te pidiera, siempre
estabas a lo tuyo y con los tuyos. Llegaste a olvidar que una vez, yo formaba
parte de tu día a día, de tus sueños…
Lo intenté, de eso
puedo estar más que segura, pero creo que dedicarte toda una vida y media a
confesiones de lo que mi otro yo siente por ti, no fue suficiente. Y sabes
perfectamente que ese otro yo lo sanaste
tú de su última derrota en campo de batalla. Pero por lo visto decidiste
aprovechar y abrirte otra herida que ni yo, ni el alcohol fuimos capaces de
hacer que dejara de sangrar, y ya de cicatrizar ni te cuento…
Después de contarle
todo esto a mi otro yo, llegamos a la conclusión de que esta batalla nunca
estuvo perdida, más tú lo decidiste así. Y mira que ese otro mío nunca
coincidía en opinión conmigo pero surgió y por un instante estuvimos en esa armonía de la que te hablé antes, y nos confesamos que después de tanta lucha
durante toda nuestra vida no nos merecíamos otra vida llena de dudas e
incertidumbres de si tus “te quiero” eran sinceros o simples letras escritas
para engañar al soldado al que llamo “corazón”.
Quizás compartías la
opinión de que toda palabra en exceso pierde su valor, como el dinero. Pero se
te escapó el detalle de que estamos hablando de amor y este es capaz de matar.
Hoy, mi otro yo y yo
nos abrazamos y el mundo se dio cuenta de que lo había logrado, así que me confesó
aquello que no quería oír. Pero en el fondo sabía que acabaría por ser.
El mundo me confesó que
debía dejarte ir, que tenías que irte. Yo lo miré fijamente y me negué. Porque
sabía que la que se tiene que ir, soy yo.
Amor, quizás
coincidamos en otra vida, y recordemos esto entre risas y gemidos porque a lo
mejor en esa otra vida, si somos. Pero de momento, en esta debo despedirme.
Debo coger mis maletas, secarle las lágrimas a mi alma, levantar la cabeza y
decirte adiós.
Fue un placer haber coincidido
en esta vida y una lástima que no hayamos podido ser, pequeña.
Recuérdalo porque es la
última vez que te lo digo:
Te quiero.