Translate

sábado, 11 de marzo de 2017

La historia que nunca pudo ser...

Mi otro yo y yo, nos despedimos.

Hoy he venido a visitarme.

Invité a mi otro yo a tomar asiento, le comenté que mi casa es la suya mientras le servía una copa de las que van cargadas porque la conversación que íbamos a tener, lo pedía a gritos. 
Hoy tocaba hablar de ti. Y por desgracia, últimamente siempre que te nombrábamos, el dolor se entrometía en la conversación. Primero comenzamos hablando de cómo me había ido la semana y terminamos la noche llorando, pero espera, me estoy adelantando a los hechos. 
Empezaré desde el principio:

Que conste que desde un inicio yo nunca quise que las cosas acabaran así… Si lo piensas nuestro comienzo fue curioso. Tú en proceso de olvido de aquella mujer con la que no pudo ser y yo de aquella mujer con la que nunca fue. Comenzamos olvidando y en el camino acabamos amándonos o al menos eso me figuraba. De verdad no sabes cuánto siento y me duele que las cosas hayan tenido que terminar de esta manera tan poco merecida si  lo comparamos a cómo debíamos acabar tú y yo. Amor, juro que el día que supe que me querías, por un instante sentí que la vida por fin estaba siendo buena conmigo. Encontré en ti lo que en mi prototipo de mujer nunca pude imaginar. Salvaste a mi ser en muchas ocasiones, me enseñaste que el mundo guarda secretos, y que solo nos los llega a contar si conseguimos estar en armonía con nosotros mismos. Me enseñaste que podía querer y que sea recíproco después de tantos intentos fallidos. Pero joder, por supuesto que tuvo que suceder. Los problemas detectaron a dos personas felices y enseguida quisieron arrestarnos por triplicar la tasa de felicidad permitida.

Tú y yo siempre fuimos opuestas, a ti te gustaba el blanco, a mi el negro, y así con todo. Tú veías un problema la distancia que nos separaba y yo solo veía una razón más  por la que luchar y llámame niña pequeña  pero llegar aunque sea, a estar juntas, solo unos segundos, y por un instante llegar a desafiar a las leyes de la gravedad con la inmensa energía que nuestro amor hubiera desprendido. Pero al final la distancia que nos separaba acabó convirtiéndose en números que sumaban letras de adiós. Es triste, lo sé. Pero tengo pruebas de haber estado en terreno de guerra luchando por salvar lo nuestro. Tengo las secuelas que quedaron tras tu indiferencia.

Me cuesta dejarte ir y dejar en el aire todas aquellas promesas, apuestas, y deudas. Quizás no me he llegado a ganar lo suficiente en esta vida, el merecerme a alguien como tú. Quizás la cagué demostrándote la mayoría de amor que sentía, (siempre me guardaba un poquito para mi). Pero ya sabes que  estos temas de amores son  cosa de dos, pero yo acabé amando más y quizás es exceso acabó pasándome factura y dejándome sin blanca. Ahora no me queda otra que pagarle a la vida con el olvido, tu olvido.

Mi otro yo y yo estamos de acuerdo en que desde el momento que haya dolor del malo (porque sí, también hay dolor  bueno, de ese que sana) tiene que acabar. Al igual que estamos de acuerdo que desde el momento que haya dudas, ya dejó de ser lo que era y amor, últimamente eran solo preguntas las que se paseaban por mi cabeza. Y por mucha ayuda que te pidiera, siempre estabas a lo tuyo y con los tuyos. Llegaste a olvidar que una vez, yo formaba parte de tu día a día, de tus sueños…

Lo intenté, de eso puedo estar más que segura, pero creo que dedicarte toda una vida y media a confesiones de lo que mi otro yo siente por ti, no fue suficiente. Y sabes perfectamente que ese otro yo  lo sanaste tú de su última derrota en campo de batalla. Pero por lo visto decidiste aprovechar y abrirte otra herida que ni yo, ni el alcohol fuimos capaces de hacer que dejara de sangrar, y ya de cicatrizar ni te cuento…

Después de contarle todo esto a mi otro yo, llegamos a la conclusión de que esta batalla nunca estuvo perdida, más tú lo decidiste así. Y mira que ese otro mío nunca coincidía en opinión conmigo pero surgió y por un instante estuvimos en esa armonía de la que te hablé antes, y nos confesamos que después de tanta lucha durante toda nuestra vida no nos merecíamos otra vida llena de dudas e incertidumbres de si tus “te quiero” eran sinceros o simples letras escritas para engañar al soldado al que llamo “corazón”.

Quizás compartías la opinión de que toda palabra en exceso pierde su valor, como el dinero. Pero se te escapó el detalle de que estamos hablando de amor y este es capaz de matar.
Hoy, mi otro yo y yo nos abrazamos y el mundo se dio cuenta de que lo había logrado, así que me confesó aquello que no quería oír. Pero en el fondo sabía que acabaría por ser.

El mundo me confesó que debía dejarte ir, que tenías que irte. Yo lo miré fijamente y me negué. Porque sabía que la que se tiene que ir, soy yo.

Amor, quizás coincidamos en otra vida, y recordemos esto entre risas y gemidos porque a lo mejor en esa otra vida, si somos. Pero de momento, en esta debo despedirme. Debo coger mis maletas, secarle las lágrimas a mi alma, levantar la cabeza y decirte adiós.
Fue un placer haber coincidido en esta vida y una lástima que no hayamos podido ser, pequeña.

Recuérdalo porque es la última vez que te lo digo:


Te quiero.