Tú
y yo contra el mundo
De
pequeña siempre creí que en mi habitación se escondía una puerta muy pequeña
que llevaba a todo un mundo de fantasía alejado de aquellas pesadillas que eran
una realidad. A medida que fui creciendo ese pequeño gran mundo pasó a formar
parte de mis sueños. Cuando más lo necesitaba de repente me encontraba en las
madrugadas soñando con mi refugio donde nadie más que yo. Vivía con miedo y
rabia en el corazón, y no es que fueran pocas las veces en las que me imaginé
cruzando esa puerta que me refugiara de aquel monstruo que tanto se parecía a
mi.
Hubo
una vez que caminé durante 10 días a través de inmensos bosques rodeados de un
verdor intenso y olores distintos a cada paso que avanzaba. Mientras caminaba
sentía que mi yo interior caminaba a mi lado de la mano, sin tenerle miedo a
nadie, y sonreía. Caminé bajo una lluvia que dejaba unas gotas preciosas sobre
una telaraña totalmente simétrica. Me encontraba lejos de mis pesadillas y
temores y eso me hacía sentir libre.
Yo
creo que ese ha sido siempre mi mayor deseo. Alejarme de toda esta pesadilla,
alejarme de ese puto monstruo que le arrebató la infancia a una niña llena de
ilusión. Yo creo que mi mayor deseo ha sido sentirme tranquila.
Vivía
perdida y vacía, caminaba por mi vida atada a ese saco lleno de piedras que
tenían grabadas en sí a mi pesadilla haciendo de las suyas.
Y
en todo ese trayecto, de repente noté la fuerza de una mano que apretaba la mía
con todas sus fuerzas, la noté a Ella.
Levanté
la mirada para ver quién tuvo el valor de sujetar a una ruina y la vi a Ella,
una mujer que en su mirada reflejaba todas las cicatrices abiertas que tenía en
el fondo de su alma. Y a pesar de ello me sujetaba con unas ganas que ojalá
todo el mundo tuviera la oportunidad de sentir alguna vez. Y entonces supe que
estaba a salvo.
Nos
fuimos conociendo, me fui enamorando de ella, que reía como una niña y sonreía
como una mujer. Me enamoré de su corazón lleno de astillas, por si a alguien se
le ocurría acercarse más de lo debido. Yo, que llevo una vida a base de dolor abracé
a su corazón con las fuerzas que me quedaban, sus astillas tan solo fueron una
caricia. Y desde entonces somos una.
Ella
agarrada a mis ruinas y yo clavada a sus astillas.
Y
un día, sin darme cuenta noté como ese saco de piedras comenzaba a ser más
ligero, y la vi a ella, con su otra mano (para no soltarme) llena de cicatrices
abiertas quitando una a una aquellas malditas que llevaban grabadas todo el
dolor que me marcó. Cogí su mano, y la miré a los ojos, y eran lágrimas lo que
acariciaban mis mejillas. Ella me sonrió y me abrazó de tal manera que de
repente me encontraba cruzando la puerta, refugiada de todo temor.
No me soltaba y yo no quería que lo hiciera.
Seguía pegada a mi, y yo cada vez me sentía mas libre, me sentí a salvo,
tranquila.
La
apreté, escondí mi cabeza en su cuello y sentí el perfume de todas las flores
que olí una y otra vez durante esos 10
días en aquel bosque.
No
me lo podía creer, vi mis deseos hechos realidad en una persona que me sujetaba
incluso más fuerte de lo que ella se imaginaba.
A
su lado siento mis sueños tomando vida, de su mano siento que puedo caminar con
los ojos vendados que ella me guía. Sus labios fueron mucho más allá de besarme
la piel, encontraron la manera de quitarle el protagonismo a mi dolor.
Ahora
vivo con la ilusión que de niña nunca tuve porque me fue arrebatada, pero devuelta
por la mujer de mis sueños.
Ella
no es un amor más, no nos equivoquemos. Ella es mi refugio y mi tranquilidad.
Juntas sabemos calmarnos los miedos y acariciarnos las heridas sin hacernos
daño.
Soy
feliz, nunca creía que llegaría a decirlo.
Ya
no tengo miedo, ni si quiera se me pasó por la cabeza llegar a sentirme así.
Ella
es mi calma y mi tranquilidad.
La
mujer de mis sueños…
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Gracias amor, por tu valentía, por tu coraje y por tu dedicación.
Felices 121 días mi vida.