Polvo De Despedida.
¿Recuerdas nuestra
primera noche, amor? Bueno, que pregunta, quien podría olvidarla... De cómo
hicimos arder el cielo, cómo evaporamos toda gota de océano interminable con
nuestro arduo fuego. Cada caricia que me regalabas, cada beso queriendo
descubrir cada pequeño detalle de mi cuerpo, dios, pequeña nunca olvidaré
nuestra primera noche, tú tan cuidadosa y yo tan salvaje, tú tan ángel y yo tan
demonio... Porque era eso lo que buscaba, hacer que me gimieras el grito más
sincero de placer, ver al siguiente día los trazos que dejaste en mi espalda
con tanta pasión desprendida... Que me encantaban esas miradas de niña inocente
que pedían a gritos un castigo por tu lujuria. Que me enamoraban aquellos
susurros en los que tú, nunca te diste cuenta que compartías, esos que decían: "me
siento viva" en plena guerra de conquista a tus labios, que daba igual si
eran los de arriba o los de abajo que yo siempre lograba hacerte cumplir todos
esos deseos que siempre tuviste de niña. Que fuiste la mujer entre tantas, la
única que fue capaz de hacer gritar a mi corazón, gritos que reclamaban más.
Siempre fui una chica ansiosa con lo que me
hacía despertar, aun más en mis noches más profundas sin ninguna taza de café,
sin ningún tipo de cafeína, solo con tus gemidos, los cuales eran capaces de
dejarme a tus pies, como una niña inocente reclamando su recompensa como si de
una piruleta de tratase... Que mi cabeza no conocía el término "frío"
cada vez que te encontrabas a milímetros de mí.
Joder que necesidad
siento de tus manos por mi cuerpo, de tus miradas con hambre por mi cuello, de
tu retorno en mi vida... Sí pequeña, sí, te empecé hablando de nuestro polvo de
bienvenida y como todo lo que tiene un comienzo, ahora debo finalizarlo con
nuestro polvo de despedida... No hay peor despedida, que la que das, sin saber
que la estás dando. Lo sé, muy confuso. Saber que mañana no estarás, que aunque
le haya entregado mi alma al diablo de nada servirá. Ahora solo oigo los lloros
de mi corazón, los lamentos de mi alma... Me duele, y no sé qué hacer para
remediarlo. Yo sabía que te ibas a ir al amanecer, pero no de aquella forma,
joder, no de aquella forma... Creo que los polvos de despedida son de los más
dolorosos y a la vez más ardientes que conozco, aquellos en los que das todo de
ti, aquellos en los que sacas la bestia jamás imaginada de tus adentros,
incluso tú, mi niña inocente... Donde logré que tu voz se volviera quebrada de
tanto gemir. Es el momento donde consumes como si fuera la última vez, y
tristemente, lo es. Son aquellos en los que mientras alcanzas el jodido y puto
éxtasis siempre buscado, derramas las lágrimas más cargadas de sentimiento, y
dolor. Y es que ahora, mi preciosa, aunque haya salido en busca de cuerpos en
los que desahogarme y conseguir, aunque sea poder estar en el camino de lograr
mi suspiro más humilde, no puedo, no puedo ya que solo tú eras capaz, ya que
solo tú lo conseguiste.
Jamás esperé, y jamás
me imaginé llegar a ti de aquella forma... Porque solo tus manos encajan, o
encajaban con las curiosas formas de mi cuerpo, como si de un puzzle se
tratara. Siempre he amado los puzzles, generalmente tienen una pieza que encaja
por muy extraña que fuera, siempre consiguen formar imágenes alucinantes con
esfuerzo y concentración, pero ahora lo veo distinto, ya que a medida que
creces el término "puzzle" va cambiando su significado, y de pasar a
ser algo bonito pasó a ser ese algo con su efímera belleza. Lo sé ya que acabé
perdiendo la pieza más importante y de la cual sin ella, todo el jodido puzzle
de mi puta vida no tendría sentido... Ni aunque fuera observado por el artista
más loco jamás conocido.
Tengo mi reproductor en
repetición constante, aquella canción con la que nos dejamos ir, con la que
finalizamos todo aquello que tuvimos... Que dura fue aquella noche de jueves,
nunca imaginé que el único día de la semana que tenía un encanto especial a los
demás acabara de una manera tan... Insolente. O perfecta, quien sabe. Siempre
he creído que si te despides de una manera aún más grandiosa a la de cuando
conociste a esa persona, será un adiós especial, un adiós que no volverás a
lograr por mucho que lo intentes.
La vida nos sorprendió
de una manera muy desagradable, de una manera de la que ni tú, ni yo, soñábamos
en nuestras peores pesadillas, pero sucedió. Quizás de eso va la vida, de
sorprenderte y hacer que veas las cosas desde un distinto punto de vista. Nuestro
polvo de despedida fue tal vez, el polvo más doloroso y a la vez más placentero...
Más especial y a la vez tan... Nuestro. Por esa misma razón voy a ir a buscarte
donde quiera que estés, recordándote toda nuestra historia, te necesito de
nuevo aquí, conmigo, en mí...