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sábado, 26 de marzo de 2016

Polvo De Despedida

Polvo De Despedida.

¿Recuerdas nuestra primera noche, amor? Bueno, que pregunta, quien podría olvidarla... De cómo hicimos arder el cielo, cómo evaporamos toda gota de océano interminable con nuestro arduo fuego. Cada caricia que me regalabas, cada beso queriendo descubrir cada pequeño detalle de mi cuerpo, dios, pequeña nunca olvidaré nuestra primera noche, tú tan cuidadosa y yo tan salvaje, tú tan ángel y yo tan demonio... Porque era eso lo que buscaba, hacer que me gimieras el grito más sincero de placer, ver al siguiente día los trazos que dejaste en mi espalda con tanta pasión desprendida... Que me encantaban esas miradas de niña inocente que pedían a gritos un castigo por tu lujuria. Que me enamoraban aquellos susurros en los que tú, nunca te diste cuenta que compartías, esos que decían: "me siento viva" en plena guerra de conquista a tus labios, que daba igual si eran los de arriba o los de abajo que yo siempre lograba hacerte cumplir todos esos deseos que siempre tuviste de niña. Que fuiste la mujer entre tantas, la única que fue capaz de hacer gritar a mi corazón, gritos que reclamaban más.
 Siempre fui una chica ansiosa con lo que me hacía despertar, aun más en mis noches más profundas sin ninguna taza de café, sin ningún tipo de cafeína, solo con tus gemidos, los cuales eran capaces de dejarme a tus pies, como una niña inocente reclamando su recompensa como si de una piruleta de tratase... Que mi cabeza no conocía el término "frío" cada vez que te encontrabas a milímetros de mí.
Joder que necesidad siento de tus manos por mi cuerpo, de tus miradas con hambre por mi cuello, de tu retorno en mi vida... Sí pequeña, sí, te empecé hablando de nuestro polvo de bienvenida y como todo lo que tiene un comienzo, ahora debo finalizarlo con nuestro polvo de despedida... No hay peor despedida, que la que das, sin saber que la estás dando. Lo sé, muy confuso. Saber que mañana no estarás, que aunque le haya entregado mi alma al diablo de nada servirá. Ahora solo oigo los lloros de mi corazón, los lamentos de mi alma... Me duele, y no sé qué hacer para remediarlo. Yo sabía que te ibas a ir al amanecer, pero no de aquella forma, joder, no de aquella forma... Creo que los polvos de despedida son de los más dolorosos y a la vez más ardientes que conozco, aquellos en los que das todo de ti, aquellos en los que sacas la bestia jamás imaginada de tus adentros, incluso tú, mi niña inocente... Donde logré que tu voz se volviera quebrada de tanto gemir. Es el momento donde consumes como si fuera la última vez, y tristemente, lo es. Son aquellos en los que mientras alcanzas el jodido y puto éxtasis siempre buscado, derramas las lágrimas más cargadas de sentimiento, y dolor. Y es que ahora, mi preciosa, aunque haya salido en busca de cuerpos en los que desahogarme y conseguir, aunque sea poder estar en el camino de lograr mi suspiro más humilde, no puedo, no puedo ya que solo tú eras capaz, ya que solo tú lo conseguiste.
Jamás esperé, y jamás me imaginé llegar a ti de aquella forma... Porque solo tus manos encajan, o encajaban con las curiosas formas de mi cuerpo, como si de un puzzle se tratara. Siempre he amado los puzzles, generalmente tienen una pieza que encaja por muy extraña que fuera, siempre consiguen formar imágenes alucinantes con esfuerzo y concentración, pero ahora lo veo distinto, ya que a medida que creces el término "puzzle" va cambiando su significado, y de pasar a ser algo bonito pasó a ser ese algo con su efímera belleza. Lo sé ya que acabé perdiendo la pieza más importante y de la cual sin ella, todo el jodido puzzle de mi puta vida no tendría sentido... Ni aunque fuera observado por el artista más loco jamás conocido.
Tengo mi reproductor en repetición constante, aquella canción con la que nos dejamos ir, con la que finalizamos todo aquello que tuvimos... Que dura fue aquella noche de jueves, nunca imaginé que el único día de la semana que tenía un encanto especial a los demás acabara de una manera tan... Insolente. O perfecta, quien sabe. Siempre he creído que si te despides de una manera aún más grandiosa a la de cuando conociste a esa persona, será un adiós especial, un adiós que no volverás a lograr por mucho que lo intentes.

La vida nos sorprendió de una manera muy desagradable, de una manera de la que ni tú, ni yo, soñábamos en nuestras peores pesadillas, pero sucedió. Quizás de eso va la vida, de sorprenderte y hacer que veas las cosas desde un distinto punto de vista. Nuestro polvo de despedida fue tal vez, el polvo más doloroso y a la vez más placentero... Más especial y a la vez tan... Nuestro. Por esa misma razón voy a ir a buscarte donde quiera que estés, recordándote toda nuestra historia, te necesito de nuevo aquí, conmigo, en mí...

viernes, 18 de marzo de 2016

Tienes Que Irte.

Tienes Que Irte

Dime amor, cómo puedo conseguir quemar tu recuerdo, nuestro recuerdo. Que yo nunca quise ser de nadie, que yo nunca desee imaginar noches al lado de una princesa, porque seamos sinceras, en estos relatos siempre hay un dragón que necesita su correspondiente y una heroína que viene en busca de su princesa, y me temo que en esta triste historia me toco ser el dragón inocente que acabó sin apenas, fuego que echar para quemar ese recuerdo pequeña, y esparcir las cenizas por aquella playa donde construíamos nuestros palacios más imaginados de nuestra infancia. Me duele vida mía, me duele ver cómo hemos llegado hasta aquí, y peor aún, me duele verte marchar. 
Las cicatrices marcadas a punta de flechas no dejan de recordarme lo estúpida que fui al no considerar los "pros y contras" antes de comenzar aquella aventura por la que hoy me lamento tanto, pero claro, ninguna persona en su sano juicio querría replantearse si donde se encuentra es el lugar adecuado, cuando en mi caso, me sentía en el cielo. Me has dejado muchas secuelas, pequeña granuja, demasiadas diría yo. Cada vez que entro por esa puerta de instituto, no dejo de preguntarme si eres tú la que me mira o es otra, cada vez que me atrevo a escribir una sola palabra, no dejo de divisar tu nombre entre tantas letras. Que ahora las reglas con las que construyo los planos de mi vida, o bueno, dejemos esa frase en tiempo pasado ya que ahora solo miden la jodida distancia que hay entre tu vida y la mía, porque siendo honestas, aunque nos encontremos a milímetros una de la otra, nuestra magia nunca volverá a coincidir. Rezo porque quizás puedan hacerlo en otra vida, pero vaya por dios que todavía me queda mucho camino lleno de espinas y lamentos por tu pérdida. 
Aprendí que los días de la semana eran 8 sin ti y 1 contigo, que el tiempo es relativo según a que distancia te encuentres de mí, y si nos ponemos con las matemáticas y la relatividad, me invento la fórmula definitiva para conseguir rozar tus labios una última vez, pero no nos engañemos, de nada servirá tanto esfuerzo cuando nuestra fecha de caducidad ya nos atrapó por mucho que huyéramos, ya no podemos retomar lo que tuvimos, las cosas pasan solo una vez en la vida, y jamás un beso se parecerá al siguiente, y jamás un te quiero dicho por la persona que sea, volverá a ser lo mismo, a cuando me lo decías tú princesa, jamás.
Hace tiempo que la poesía no sabe de mí, que no mantenemos nuestras conversaciones acompañadas de litros y filosofía sobre si tú me querías y es que ahí está querida mía, soy una sincera fan de la poesía y el arte, de la poesía de tus palabras, el arte de tus gemidos pero cómo escribir sobre estos si cada letra escrita por mi pluma es de tinta roja como la pasión, o como los gritos que se derraman junto a cada gota de sangre que mis cicatrices dejaban ir, creyendo que junto a la tinta, se iba el dolor. No sé si llamarte egoísta o diosa, que una vez que apareciste, todo atractivo que poseía mi alrededor, lo acaparaste sin piedad alguna, tal y como hiciste con mi amor.
Sería capaz de renunciar a una vida llena de amor con tan solo poder visitarte otra vez, visitar tus redondos y curiosos lunares, situados de una manera estratégica en cada lugar de tu cuerpo para que yo recorra la ruta perfecta a besos. Visitar las enredaderas que dejabas siempre en mi vida, volver a sentir el frenesí que me creaba tu sonrisa. Pero tienes que irte, tienes que irte de mi cabeza. Da igual que no lo dejes todo como estaba antes, simplemente vete, que todavía me quedan miles de labios que rozar, miles de cuerpos que visitar, y miles de historias que vivir, y aunque no se parezcan ni de cerca a la nuestra, intentaré auto convencerme con la esperanza de poder olvidarte en otras camas y si no hay suerte, quizás en otras vidas.