Deudas que nunca serán saldadas.
Tengo
frío, veo las gotas deslizarse por la ventana; las nubes intentan sacar el
dolor que llevan dentro, pero apenas les quedan lágrimas, como si hubiera un
límite. Es triste querer desahogarte y sacar el recuerdo de lo que nunca fue y
no poder por falta de lágrimas. Pregunté en el mercado negro de corazones pero
no les quedaban. Aquella vida que tanto te maltrató, tanto te despreció a pesar
de toda la magia que escondías en tu
ser, decidió llevarte consigo, tú lo llamabas vida, yo solo veía en él, aquel
asesino que con tu corazón quería traficar. Vaya bastardo aquel, lleno de dolor
y sufrimiento, con sed de muerte. Todavía
siento en mi piel la sangre que de tu cuerpo salió cuando la “vida” decidió
ponerle fin a la tuya. Me sentía tan
inútil…. Lo vi todo, y nada pude hacer, te tuve en mis brazos instantes previos
a tu marcha en busca de un lugar en el cual no hay más que tranquilidad. Me
hubiera gustado decirte tantas cosas… Recordarte tantos momentos que juntas
pasábamos, recordarte como la relatividad del tiempo cuando se cruzaba con
nosotras dejaba de ser. Aprovecho esta carta la cual quemaré después de
habértela leído en alto, para recordarte todo lo que nos debemos, todas las
deudas que tenemos pendientes de saldar. Todavía tengo pendiente a cancelar, la
reserva que le hice a las estrellas, iba a ser una sorpresa… En la cual hubiera
declarado ante ti todo el amor que tú me hacías sentir. Se suponía que aquel
miércoles 19, las estrellas nos relatarían la nostalgia por aquellas guerras de
amor que durante milenios llevan observando de los mortales. Tenemos pendiente
acabar los planos de construcción de aquella casa, donde criaríamos a nuestros
hijos, como si fuéramos las mejores madres del mundo. Tenemos pendiente aquella
cita de pizza y cervezas que acordamos saldar cuando nos conocimos.
Amor
te me han arrebatado de mi día a día. Dime ahora que le diré a aquella estrella
fugaz que pasaba cada 24 de diciembre que ya no estas, que tu deseo de un mundo
con menos violencia, se fue contigo. Y es que la navidad está al caer, debo
empezar a montar el árbol de navidad, pero me temo que esta vez, no tendrá
estrella, porque no estás para colgarla. Sera un árbol sin magia, un asiento
vacío en la mesa, la cama se me hará gigante ahora que no reclamas mi alma a
presenciar la guerra de la cual siempre finalizábamos con gemidos, gritos y
marcas en mi piel, marcas de la pasión, que yo, chica humilde y actualmente
vacía, te provocaba… Se me hará difícil no volver a escuchar mi nombre pronunciado
por aquellos labios capaces de hacerme volar cada vez que me acariciaban. Mi cintura más nunca
volverá a ser rodeada por tus brazos, mis dedos jamás volverán a encajar con
los tuyos. Te tengo tatuada en el corazón, tengo tatuado tus “buenos días amor”,
la cara de niña buena que ponías cada vez que te hacía enfadar por tonterías
del momento.
Tu
voz ya no está aquí para tranquilizarme y no sabes cuánto te echo de menos.