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martes, 8 de noviembre de 2016

Deudas Que Nunca Serán Saldadas

Deudas que nunca serán saldadas.

Tengo frío, veo las gotas deslizarse por la ventana; las nubes intentan sacar el dolor que llevan dentro, pero apenas les quedan lágrimas, como si hubiera un límite. Es triste querer desahogarte y sacar el recuerdo de lo que nunca fue y no poder por falta de lágrimas. Pregunté en el mercado negro de corazones pero no les quedaban. Aquella vida que tanto te maltrató, tanto te despreció a pesar de  toda la magia que escondías en tu ser, decidió llevarte consigo, tú lo llamabas vida, yo solo veía en él, aquel asesino que con tu corazón quería traficar. Vaya bastardo aquel, lleno de dolor y sufrimiento, con sed de muerte.  Todavía siento en mi piel la sangre que de tu cuerpo salió cuando la “vida” decidió ponerle fin a la tuya.  Me sentía tan inútil…. Lo vi todo, y nada pude hacer, te tuve en mis brazos instantes previos a tu marcha en busca de un lugar en el cual no hay más que tranquilidad. Me hubiera gustado decirte tantas cosas… Recordarte tantos momentos que juntas pasábamos, recordarte como la relatividad del tiempo cuando se cruzaba con nosotras dejaba de ser. Aprovecho esta carta la cual quemaré después de habértela leído en alto, para recordarte todo lo que nos debemos, todas las deudas que tenemos pendientes de saldar. Todavía tengo pendiente a cancelar, la reserva que le hice a las estrellas, iba a ser una sorpresa… En la cual hubiera declarado ante ti todo el amor que tú me hacías sentir. Se suponía que aquel miércoles 19, las estrellas nos relatarían la nostalgia por aquellas guerras de amor que durante milenios llevan observando de los mortales. Tenemos pendiente acabar los planos de construcción de aquella casa, donde criaríamos a nuestros hijos, como si fuéramos las mejores madres del mundo. Tenemos pendiente aquella cita de pizza y cervezas que acordamos saldar cuando nos conocimos.

Amor te me han arrebatado de mi día a día. Dime ahora que le diré a aquella estrella fugaz que pasaba cada 24 de diciembre que ya no estas, que tu deseo de un mundo con menos violencia, se fue contigo. Y es que la navidad está al caer, debo empezar a montar el árbol de navidad, pero me temo que esta vez, no tendrá estrella, porque no estás para colgarla. Sera un árbol sin magia, un asiento vacío en la mesa, la cama se me hará gigante ahora que no reclamas mi alma a presenciar la guerra de la cual siempre finalizábamos con gemidos, gritos y marcas en mi piel, marcas de la pasión, que yo, chica humilde y actualmente vacía, te provocaba… Se me hará difícil no volver a escuchar mi nombre pronunciado por aquellos labios capaces de hacerme volar cada vez  que me acariciaban. Mi cintura más nunca volverá a ser rodeada por tus brazos, mis dedos jamás volverán a encajar con los tuyos. Te tengo tatuada en el corazón, tengo tatuado tus “buenos días amor”, la cara de niña buena que ponías cada vez que te hacía enfadar por tonterías del momento.

Tu voz ya no está aquí para tranquilizarme y no sabes cuánto te echo de menos.

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