Acabamos
manchando la palabra amor.
Buenos
días vida mía. Me desperté exhausta, soñé contigo ¿sabes? Soñé que volvías, que
me decías que aún me querías, que yo te decía lo hermosa que eras y
te negabas rotundamente. Yo no lo ponía en duda, ya que es ley de vida que lo
hermoso niegue serlo. Desperté con la esperanza de tenerte entre mis sábanas
susurrándome aquel “Buenos días” de cada mañana, que jamás me cansaba de oír si
era de tus labios de donde brotaba dichosa palabra.
Te
echo de menos. Echo de menos despertarme y no ver tu hermosa sonrisa acompañando
mis mañanas, echo de menos cómo me mirabas y de una manera que jamás nadie
entenderá, me decías “Te quiero”. Oh dios, cómo pudiste marcharte de aquella
manera tan inhumana… Ahora solo me siento a ver como el minutero del reloj
camina sin descanso alguno, siempre por el mismo camino, sin cansarse, sin
aburrirse, pero que tarde o temprano se acabaría deteniendo por haberse
consumido su fuente de energía. Me recuerda un poco a nosotras, tú eras mi
fuente de energía, nunca me cansaba de oír tu voz, nunca me aburría de nuestras
tardes de peli y manta, pero te acabaste consumiendo amor mío, acabaste por
irte y dejarme detenida, sin poder siquiera retroceder.
Amores
hay miles querida, todos siempre de diferentes intensidades, todos de
diferentes formas, algunos más extraños que otros. ¿Recuerdas cuál era el
nuestro? El nuestro fue el amor que destacó entre todos, se nos otorgó la
oportunidad de algo grandioso y acabamos por fastidiarla, acabamos por manchar
la palabra “amor”. Nuestros planes acabaron por marchitarse, nuestras manos de
repente ya no encajaban, tus ojos ya no me susurraban aquel “Te quiero” que
hacía que esta idiota se alegrara de tal manera que sentía que era capaz de
hacer postrarse al mundo entero ante sus pies. Teníamos algo tan grande
pequeña… Y ahora dime que hago yo, que hago con nuestros billetes de avión con
destino a la ciudad del amor, donde la hubiéramos conquistado con tan solo
cogernos de la mano. Y es que yo aún te quiero, te quiero de la misma manera
que al principio quizás un poco menos o un poco más y si volvieras a pedirme
una segunda oportunidad te diría que no, si, lo sé, un poco contradictorio; pero
mi corazón no se merece eso, no tras haber dado todo de sí, y tu haberlo
despreciado de aquella forma. Aún recuerdo la adrenalina que recorría mi cuerpo
entero cuando me acariciabas. Fuiste muy cruel vida mía. Fuiste mi corta
historia de amor favorita, aquella que me perseguiría todos las noches de mi
vida. Tanto amor en tan poco tiempo pequeña, quizás fue eso lo que acabó con
todo, quizás fue eso lo que le acabó quitando el sabor a los cafés mañaneros. Tienes
que saber que esta no es una carta de “vuelve” o de “te echo de menos” esta es
una carta de “gracias”. Te agradezco cada segundo que me hiciste volar sin
llegar a levantar los pies del suelo, todo y cada momento en el que me hiciste
sentir que la magia existía. Yo ya sabía que algún día esto acabaría, toda
historia tiene su final y sobre todo si es una de amor; que ya habrá otra
pareja que sepa limpiar la palabra “amor”, que sepa cómo no cometer nuestros
errores, que sepa quererse. Vida mía esta será la última carta que te escribo,
estas serán las últimas palabras que vayan dedicadas a ti. Ojalá encuentres a
alguien que te sepa querer, no como yo, que por mucho que lo intenté fracasé,
ya que de la manera en la que yo te quería nadie ha querido nunca.
Un cordial “Te quiero” de la persona que una vez te
hizo feliz.