Estoy de camino amor.
Esta
es la triste historia de un gran amor fugaz y efímero. Y de su triunfo, pero en
otra vida…
Me
duele, que quieres que te diga, no puedo siquiera fingir una pequeña sonrisa de
nostalgia, de cuando sus labios hacían reír a los míos o de cuando sus manos,
tranquilizaban a mi corazón. No sé en qué apoyarme ya… Los atardeceres ya no
son los mismos sin sus paseos bajo la lluvia, las mañanas son un infierno ya
que no está ella para subirme al cielo con sus gemidos. Y el alcohol… ese es un
viejo amigo del cual ya no me puedo fiar; no deja de recordarme su sonrisa una
y otra vez, y claro, lo creas o no eso me ha llevado al límite del acantilado
en el cual, el vacío es la demencia absoluta. El dolor ha llegado a tanto que
el cielo me quema y el infierno me relaja.
Por
muchas heridas que haya podido yo disimular ella supo sanar sus cicatrices con sus caricias acompañadas de dulces “Cariño,
ven que tengo frio”. Joder cuanto amo a esa mujer, esa tormenta de verano, la
que me ponía la vida patas arriba, y se reía tan maliciosamente como un ángel…
Desde
hace un año tengo el 29 de junio marcado a fuego lento en el alma. El día, el
día que la vida decidió arrebatármela… Esa imagen jamás se me borrará de la
mente, su alma subiendo a aquel autobús fantasma, rumbo a la siguiente vida. Y
pensar que todo fue por culpa de aquellas amenazas causadas por la humildez de
nuestro amor…
Ya
no consigo conciliar el sueño, las manos, las piernas me pesan y ya el alma ni
te cuento… Dichoso mi corazón que aun así quiere intentarlo. Quiere irse
contigo mi vida. Estés donde estés, espérame, que no pienso tardar ni una vida
más.