Nos Vemos En Otra Vida.
No
hay peor sensación que tener que vivir con alguien a quien odias y desprecias,
y más si ese alguien eres tú. Ella era todo
aquello a lo que uno llamaría “El Edén”, aquello en lo que puede que no
fuera lo que pensaras al despertar, pero si en lo que tuvieras en mente el
resto del día. Recuerdo cuando le tocaba aquella canción que ella tanto amaba,
cuando le llevaba los cafés calientes en días fríos y lluviosos. Recuerdo
cuando la cogía de la mano en medio de la multitud sin importar lo que la gente
pensara de nosotras, sin importar que la vida, que el mismísimo cupido, tuviera
envidia de lo nuestro. Todo lo que tuvimos dudo de que se pueda comparar con lo
llamado “amor”, ya que hasta el gran Eros, dios del amor, temblaba cuando oía
hablar de nosotras. Sí, sé que me estás leyendo, y sé también cómo te encantaba
oír mi voz susurrándote aquel “quédate un poco más” u oler mi aroma, ese que me
delataba siempre, ese que tanto te enamora, y girarte rápidamente para evitar
que te sorprendiera…
Pero,
siempre hay un pero… Como toda historia de amor, esto tenía que torcerse de
alguna que otra manera. Ahora mi guitarra más desgastada que nunca por cantarle
al cielo nuestro inverosímil amor quebrado por las llamas del tiempo, los
celos, los gritos, los insultos… Dios no puedo, me duele recordar todo aquello,
las lágrimas no dejan de brotar de mi alma, los gritos incesables de mi corazón
pidiéndome que te vaya a buscar. Que aquellas noches de caricias y amor me
sabían mejor que las noches a gritos y peleas que terminaban con botellas
consumidas por mi alma creyendo que aliviarían su dolor, cuando lo único que
hacían, era quemarme por dentro, siendo tu recuerdo el que encabezara aquella
lucha sanguinaria por dejarme suplicándole a cualquier Dios que existiera para
que volvieras… Ya no sé qué sentido tiene vivir si no es para complacerte,
respirar si no es para sentir tu esencia en mis pulmones, fíjate si ya nada
tiene sentido que hasta la amargura del café me sabe dulce… Lo que fue el
paraíso en su momento, terminó por convertirse en algo oscuro y enfermizo, algo
doloroso que hizo que no pueda ni levantar la mirada para buscarte a lo lejos… Recuerdo el día en que se torció
todo, fue un jueves 11. Estábamos presumiendo de nuestro deseo y pasión por
aquella playa que tanto gustabas, te había preparado una sorpresa, cena
romántica con velas y pétalos de rosas alrededor... El ambiente era perfecto,
risas y buenas sensaciones plagadas de besos, caricias y sobre todo de aquella
sonrisa tuya que conseguía deleitarme o de aquella mirada que conseguía
transportarme a un mundo que solo tú y yo conocemos. Desgraciadamente por culpa
de nuestro amor desgastado de tanto dolor y desprecio, terminamos nuevamente
discutiendo, tú me mirabas enfadada, como protagonista tus celos… No dejabas de
gritarme y recriminarme cosas que no había hecho, hasta que sucedió, no puedo
recordarte lo que hice ya que aún yo no soy capaz de asimilarlo… Solo he de decir,
que nunca se le ha de levantar la mano a aquello que tanto amas y deseas con
locura, porque acabas de una manera que ni aunque vinieras aceptando mis
disculpas lograrías hacer que esta bestia rendida por tu amor, volviera a
querer vivir ya que para eso he de perdonarme a mí misma por mis actos
inhumanos… Eso fue lo nuestro pequeña, un amor tan grande, tan profundo del
cual no fuimos capaces de cuidar…
Por
favor te lo suplico, ni se te ocurra volver, ni se te ocurra si quiera que se
te pase por la cabeza perdonarme… Eres eso que las personas siempre han
deseado, aunque sea tener la oportunidad de sentir o tener. Te quiero y amo con todo mi ser, pero perdí
el derecho a poder siquiera mirarte. Con todo mi corazón o lo que queda de él,
ojalá puedas ser realmente feliz y sentir el amor como lo sentí yo… Nos vemos en otra vida.