Tienes
Que Irte
Dime amor, cómo puedo
conseguir quemar tu recuerdo, nuestro recuerdo. Que yo nunca quise ser de
nadie, que yo nunca desee imaginar noches al lado de una princesa, porque
seamos sinceras, en estos relatos siempre hay un dragón que necesita su
correspondiente y una heroína que viene en busca de su princesa, y me temo que
en esta triste historia me toco ser el dragón inocente que acabó sin apenas,
fuego que echar para quemar ese recuerdo pequeña, y esparcir las cenizas por
aquella playa donde construíamos nuestros palacios más imaginados de nuestra
infancia. Me duele vida mía, me duele ver cómo hemos llegado hasta aquí, y peor
aún, me duele verte marchar.
Las cicatrices marcadas a punta de flechas no
dejan de recordarme lo estúpida que fui al no considerar los "pros y
contras" antes de comenzar aquella aventura por la que hoy me lamento
tanto, pero claro, ninguna persona en su sano juicio querría replantearse si
donde se encuentra es el lugar adecuado, cuando en mi caso, me sentía en el
cielo. Me has dejado muchas secuelas, pequeña granuja, demasiadas diría yo.
Cada vez que entro por esa puerta de instituto, no dejo de preguntarme si eres
tú la que me mira o es otra, cada vez que me atrevo a escribir una sola
palabra, no dejo de divisar tu nombre entre tantas letras. Que ahora las reglas
con las que construyo los planos de mi vida, o bueno, dejemos esa frase en
tiempo pasado ya que ahora solo miden la jodida distancia que hay entre tu vida
y la mía, porque siendo honestas, aunque nos encontremos a milímetros una de la
otra, nuestra magia nunca volverá a coincidir. Rezo porque quizás puedan hacerlo
en otra vida, pero vaya por dios que todavía me queda mucho camino lleno de
espinas y lamentos por tu pérdida.
Aprendí que los días de la semana eran 8 sin
ti y 1 contigo, que el tiempo es relativo según a que distancia te encuentres
de mí, y si nos ponemos con las matemáticas y la relatividad, me invento la
fórmula definitiva para conseguir rozar tus labios una última vez, pero no nos
engañemos, de nada servirá tanto esfuerzo cuando nuestra fecha de caducidad ya
nos atrapó por mucho que huyéramos, ya no podemos retomar lo que tuvimos, las
cosas pasan solo una vez en la vida, y jamás un beso se parecerá al siguiente,
y jamás un te quiero dicho por la persona que sea, volverá a ser lo mismo, a
cuando me lo decías tú princesa, jamás.
Hace tiempo que la
poesía no sabe de mí, que no mantenemos nuestras conversaciones acompañadas de
litros y filosofía sobre si tú me querías y es que ahí está querida mía, soy
una sincera fan de la poesía y el arte, de la poesía de tus palabras, el arte
de tus gemidos pero cómo escribir sobre estos si cada letra escrita por mi
pluma es de tinta roja como la pasión, o como los gritos que se derraman junto
a cada gota de sangre que mis cicatrices dejaban ir, creyendo que junto a la
tinta, se iba el dolor. No sé si llamarte egoísta o diosa, que una vez que
apareciste, todo atractivo que poseía mi alrededor, lo acaparaste sin piedad
alguna, tal y como hiciste con mi amor.
Sería capaz de
renunciar a una vida llena de amor con tan solo poder visitarte otra vez,
visitar tus redondos y curiosos lunares, situados de una manera estratégica en
cada lugar de tu cuerpo para que yo recorra la ruta perfecta a besos. Visitar
las enredaderas que dejabas siempre en mi vida, volver a sentir el frenesí que
me creaba tu sonrisa. Pero tienes que irte, tienes que irte de mi cabeza. Da
igual que no lo dejes todo como estaba antes, simplemente vete, que todavía me
quedan miles de labios que rozar, miles de cuerpos que visitar, y miles de
historias que vivir, y aunque no se parezcan ni de cerca a la nuestra,
intentaré auto convencerme con la esperanza de poder olvidarte en otras camas y
si no hay suerte, quizás en otras vidas.
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