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jueves, 30 de julio de 2015

Revolucionamos Al Amor

Revolucionamos al amor.

La mañana del 30 de abril, fue la mañana en la que nos conocimos y la mañana en la que justo un año después, ella abandonaría este mundo. La vida jamás te advierte sobre las consecuencias de conocer a una persona tan importante como lo llegó a ser ella, tampoco te advierte sobre el límite de felicidad que te otorga y una vez lo hayas gastado, llega tu hora. Olvídate de la palabra amor, lo nuestro, lo que tuvimos ella y yo no se parecía en lo mínimo al amor. Lo nuestro era el conjunto de una amistad eterna, de un amor de verano y por supuesto de dos corazones que se amaban con locura, tal fue esa locura que cada vez que estábamos lejos una de la otra, sentíamos aquel vacío que siente cualquier persona al perder a alguien querido. Supongo que en ese tiempo viví todo aquello bueno que la vida había preparado para mí, por eso me la arrebató, porque la felicidad nunca es eterna y nunca se hace corta. Con  ella viví todos aquellos besos de buenas noches, todas aquellas caricias que subían la temperatura de nuestro hogar y todo aquel amor que hubiera frenado cualquier Guerra Mundial. Lo nuestro fue tan intenso que hasta nos dolía tanta felicidad, que hasta acabamos revolucionando al amor.
Es increíble como en un año, nosotras gastamos toda nuestra alegría, pero por desgracia en el aniversario del día más extraordinario, supimos que fue así. Y te preguntarás cómo es que yo aún puedo respirar para escribir estas palabras… Tengo que contarte que, pusimos a la vida celosa, la mismísima vida nos tuvo envidia, tanta, que decidió dejarme vivir con la amargura y la agonía de estar sin el amor de mi amada. He de admitir que fue inteligente haciendo eso, la vida sabía que en los años que me quedaban de vida yo jamás volvería a ser feliz, ya que el único ángel que había en el mundo, se desvaneció.  El dolor que sentí cuando ella me fue arrebatada simplemente no se podía comparar con nada, porque quizás, eso que sentí, superaba la palabra dolor.    
En el día de su funeral solo acudí yo, ya que decidí  no invitar a nadie, aún no estaba preparada para que me dieran el pésame de su ida. Estuve ahí un día entero, le canté con aquella guitarra que ella tanto gustaba, nuestra canción favorita, aquella con la que nos conocimos… Esa es otra historia que ya te contaré. Mientras cantaba la lluvia no cesaba, los ángeles lloraban su ida, y yo con ellos, también. La  tristeza y la rabia me invadían... Tristeza de su ausencia, dios ese dolor, ese dolor  no lo podía parar con nada… Y rabia de que la vida se haya salido con la suya. Lo admito,  la vida es lo más cruel y a la vez lo más bonito que te pueden  regalar. Sé que cuando termines de leer esta pequeña pero gran historia de “amor” quieras conocerme, lamento tener que contarte que no podrá suceder, ya que no estaré  aquí, sino allí, con mi dulce amada, volviendo a sentir el calor de sus abrazos, riéndonos de como al fin y al cabo la vida no se salió con la suya, simplemente sin darse cuenta,  la jugada le salió mal, ya que nos acabó otorgando la vida eterna una con la otra, la oportunidad de seguir revolucionando al amor, pero lejos de aquí.
Atentamente, un corazón herido, pero feliz.   

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